DE UNA MADRE A SU HIJO...



Cuando pasen en mí más años, y en apariencia ya no sea la misma, 
y me vuelva torpe en mis movimientos, tenme paciencia:

Recuerda las horas que pasé enseñándote a hacer las mismas 
cosas que hoy yo no puedo resolver sola.

Cuando me veas perdida frente a toda la tecnología 
que me cuesta tanto entender, dedícame tu tiempo, 
recuerda que fui yo quien te enseñó las cosas 
más simples para enfrentar la vida.
Si te repito las mismas historias, 
aunque sepas ya el final, escúchame…

Cuando eras chico tuve que contarte cientos de veces 
el mismo cuento para que te durmieras.
Y si mientras conversamos me olvido de lo que 
estamos hablando, dame tiempo para recordar.
Y si no puedo hacerlo, comprende que tal vez no era importante 
lo que conversamos, sino que para mí lo importante 
es que me escuches y estemos juntos.
Cuando fallen mis piernas, dame tu mano para apoyarme como 
yo lo hice cuando comenzaste a dar tus primeros pasos.
Dame tu cariño, compréndeme y apóyame como 
lo hice desde el momento en que naciste.
Siempre quise lo mejor para ti, y sé como tú me quieres y admiras…

Hoy soy yo quien está orgullosa al ver quién eres,
 y como enfrentas la vida.
Cuando pasen en mí los años, así como te acompañé yo, 
acompáñame tú hacia donde me lleva el camino.
Cuando pasen en mí más años, sigamos caminado juntos…

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