LA INVISIBLE



 Ya no sé en qué día, mes o año “desaparecí” de este mundo, no recuerdo haberme muerto todavía, pero al parecer todo indica que si lo hice, porque todos en casa actúan como si yo no existiera.

Ninguno se toma la molestia de preguntarme como me siento o si necesito algo, o tal vez regalarme tan solo unos minutos de su compañía, pues me siento sola, pero están tan ocupados en sus cosas más importantes que yo, quien de ellos va querer estar cerca de una anciana que ya no les sirve para nada, solo me querían mis amados hijos cuando les era útil, por igual a mis familiares y amistades.

Pase a último término en casa, hay veces que hasta yo misma me confundo y pienso que tal vez “soy un fantasma” y solo yo puedo verlos a ellos, ya que ellos no logran percatar mi presencia, es por eso que tal vez no logran verme, ni sentirme.


Pero yo insisto en tratar de llamar su atención y me pongo a llorar como una niña pero lo único que logro conseguir es que se molesten conmigo, me regañen y se alejen más de mí, pero yo sigo insistiendo en querer estar a su lado a un que ellos no quieran, porque soy su madre y los amo.

Un día mi nuera se enfermó y yo intente agradarle, le prepare una taza de té, se la lleve a su recamara y lo puse en el buro, espere que ella la tomara antes que se enfriara, pensé que tal vez ella me agradecería y quisiera mi compañía pero el té se iba enfriando al igual que mi corazón se desilusionaba al ver que no le interesaba mis atenciones, y pensé que lo mejor sería alejarme de ahí.

En otra ocasión mis nietos gritaban de alegría porque saldríamos de paseo al zoológico, me puse muy contenta pues tenía mucho que no salía ni a la iglesia, todos estaban listos para ir no de paseo, cuando iba a subir al auto me pidieron que me quedara, pues ya no había espacio y que si iba no podría caminar mucho y echaría a perder el viaje, no me quedo de otra que quedarme triste y sola, sentía que mi corazón se hacía mil pedazos, llore como una niña hasta que darme dormida, al despertar comprendí que mi tiempo había pasado ya no tenía nada que hacer a su lado, ya no me necesitaban solo hacia estorbo, desde el fondo de mi corazón pedí a Dios me llevara con él para no ser más una molestia para mi familia.



Por fin dios escucho mis plegarias y suplicas y deje de ser “un estorbo invisible” solo me queda pedirle a Dios infinita misericordia y los perdone, cuide y proteja por mí, porque yo ya no podré hacerlo más, y que el día de mañana sus hijos no les hagan lo mismo que ellos me hicieron a mí, porque sufrirán en carne propia el dolor más grande que puede sentir una madre al ver que la personita que trajo en su vientre creció y ahora ya no lo necesita más...


Una madre o un padre nunca guardara rencor alguno al ser que dio la vida, siempre perdona sus errores y pide a Dios por ellos y al igual debería ser un hijo.




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